Julio Neira, del mito a la realidad


Lázaro Chávez Armenteros, Madrid

Cuando James Frazer redescubriera para nuestros tiempos aquella rama dorada que se daba en el santuario de Nemi y que brotaba de un árbol maravilloso, verde fronda y chispeantes reflejos dorados, no sabía –no creo que supiera– cuánto iban a inspirar en el arte moderno (y, claro, posmoderno) aquellas figuras de sacerdotes y homicidas, celosos guardianes que sólo eran reemplazados cuando apareciera alguien capaz de matarlos y convertirse, a su vez, en el nuevo guardián.

Del infierno al paraiso, de regreso
a lo sagrado (Julio Neira)


Ritos y sacrificios, mito que en Víspera de lo sagrado, último trabajo personal de Julio Neira, se ve recontextualizado y lanzado, una vez más, pero con el agradecido e imprescindible aliento creador, regenerativo, a la realidad contemporánea.

Aquí el mito es manipulado, desacralizado y travestido; de hecho es el punto de partida, no la meta final. Neira juega con él, lo manosea, le brinda y le da vida desde una perspectiva de preocupaciones estéticas actuales, posmodernas, y en ello coincide con una buena parte del arte cubano de hoy: construir una metáfora donde la antropología, la analogía y morfología encuentren puntos de unión a lo largo de su discurso. En él pueden estar las verdades y las posibles soluciones de los problemas del hombre de principios del siglo XXI.

Este escultor-instalacionista logra una obra impecable en su terminación y remata sus piezas en forma de frontones clásicos con frutos, en este caso mangos dorados en alusión a la rama dorada, aunque también al trópico como espacio donde habita.

Por otro lado, hilvana elementos de recurrencias infantiles y de nuestra cultura kitsch, que adquieren una significación otra, sirviéndole de apoyatura a su discurso. Este tratamiento, casi perfecto, en lo referido a las soluciones formales, es lo que le permite resaltar su poética: la del guardián-pensador.

Su guardián (él) no elude, no esquiva, ni rechaza la realidad. Nada le inhibe ante la desnudez del cuerpo humano, ni la ambigüedad ni la dualidad y mucho menos las disímiles formas de prácticas sexuales. La muerte tampoco constituye un obstáculo, porque ella también le llegará, nos llegará a todos.

"El poder de la razón y la razón del poder han conducido al hombre a su más espantosa soledad", ha dicho Julio Neira. Indiscutiblemente el guardián-pensador representa una alegoría dentro de su discurso, marcado, casi siempre, por esa intención bien recurrente de indagar en la realidad contemporánea o en la de un sujeto en particular. De esta forma, el tropo empleado por Neira tiene un sentido muy puntual y claro a lo largo de todo su discurso artístico.

Así el guardián, con temor a que el vértigo de la sádica realidad le haga caer al fondo, sólo se ha asomado un instante al borde del abismo por donde esas verdades han salido, y siente el mal aliento de la pudrición. No es necesario estar junto o a la muerte para percibirlo.

Publicado en: cubaencuentro


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